Ailey Jolie es una estudiante de posgrado del campus de Vancouver de la Universidad Adler que dedica sus esfuerzos a la concienciación sobre las agresiones sexuales y el tráfico sexual. Recientemente, Jolie ha publicado unas memorias personales centradas en su propia curación tras sobrevivir como víctima del tráfico sexual infantil, "Mi cuerpo, mi historia". Todos los beneficios se destinarán a acabar con el tráfico sexual infantil en Norteamérica.
El último movimiento contra el acoso y las agresiones sexuales llegó a más de 85 países y suscitó más de 1,7 millones de tuits sólo en sus primeros días. Ha animado a millones de personas a convertirse en la "llamada a la acción" para denunciar este tipo de abusos publicando #MeToo en sus plataformas personales de redes sociales.
El hashtag #MeToo es transversal a la edad, el género, la etnia, la cultura y el estatus socioeconómico. Ha proporcionado un foro y ha puesto de relieve la gravedad de los problemas de justicia social que perpetúan la agresión y el acoso sexuales.
Las voces de las víctimas, marcadas por una enorme valentía, siguen resonando en las redes sociales, y son ensordecedoras. Pero lo triste es que "Yo también" no es la primera iniciativa que saca a la luz estadísticas espeluznantes que demuestran lo comunes que son en la sociedad la agresión y el acoso sexuales. Esto nos lleva a preguntarnos: "¿Estamos por fin en la cúspide de un cambio real?". ¿O se desvanecerá el movimiento "Yo también" en el acelerado abismo social junto con las pasadas campañas contra las agresiones sexuales y el acoso?
Como alguien que ha pasado los últimos cinco años hablando públicamente sobre mis propias experiencias como superviviente de abusos sexuales, me encuentro preocupada por el futuro de #MeToo. A pesar de los más de 2,5 millones de personas a las que he llegado personalmente y de las innumerables personas a las que ha afectado el movimiento en su conjunto, me pregunto si #MeToo se disolverá y será sustituido por el último enigma político o la noticia más controvertida sobre un famoso.
¿Se desacreditará o desestimará, una vez más, la fuerza de los supervivientes?
¿Cómo podemos dar a "Me Too" el impulso que necesita para desencadenar un cambio social duradero?
¿Qué medidas prácticas podemos tomar para fomentar un cambio real en la sociedad?
La única respuesta que he encontrado puede resultar incómoda de considerar para algunos: La justicia social puede manifestarse si decimos -y, cuando es necesario, gritamos- la verdad, pero el cambio social sólo se produce si nos comprometemos colectivamente a encarnar y vivir esa verdad.