DaLissa Alzner, Universidad Adler
Muchas personas pasan gran parte de su vida buscando lo que posiblemente sea una de las experiencias humanas más subjetivas: el amor verdadero. El fenómeno del amor es ineludible, desde las películas más populares, los programas de televisión y las aplicaciones de citas hasta el enfoque cultural en la búsqueda de "la persona indicada". Nuestra preocupación por la conexión social está biológicamente relacionada con nuestro deseo de conexión humana.
Pero, ¿cómo establecer conexiones en todas nuestras relaciones que contribuyan positivamente a nuestro bienestar? Identificar las características de una relación sana y prestar atención a las señales de alarma es un buen punto de partida.
El amor suele ser una de esas cosas que uno sabe cuando la siente. Aunque es difícil definir el amor como una experiencia o construcción explícita, hay ciertas guías que podemos utilizar para entender qué hace que una relación sea amorosa.
¿Qué hace que una relación sea sana?
Si crees que los amigos son la familia que elegimos, entonces has tenido la suerte de experimentar una amistad significativa que contribuye positivamente a una realidad en la que te sientes apreciado, valorado y con un sentimiento de pertenencia.
Esta experiencia de conexión puede definirse como amor compasivo, acuñado originalmente como un componente de la Teoría de los Dos Factores del Amor, que sugiere que el amor se compone de dos categorías principales. La primera es el amor apasionado, que es el intenso anhelo por alguien que puede acabar en conexión sexual o rechazo. La segunda es el amor compasivo, asociado a la amistad, el compañerismo y el afecto.
Una relación sana es aquella en la que te sientes cómodo siendo tú mismo. De niños, se nos anima a contribuir a las situaciones sociales siendo nosotros mismos. Sin embargo, a medida que crecemos, las nociones preconcebidas y las construcciones humanas, como la comparación social, el aislamiento y el gaslighting , nos empujan a menudo a ajustarnos a ciertas normas o a ocultar quiénes somos y cómo nos sentimos.
Ser auténtico significa alinear tus acciones y comportamientos con tus valores y creencias fundamentales. Esto te permitirá descubrirte a ti mismo y prosperar en cualquier entorno o relación en la que te encuentres.
Esta alineación fomenta una sensación de congruencia entre su yo interno y sus expresiones externas, lo que le permite interactuar con los demás de forma genuina. Relacionarte con los demás de forma auténtica te permite navegar por las interacciones sociales con integridad y fomenta relaciones más profundas y significativas.
¿Cómo es el amor?
Aunque el amor puede ser algo difícil de definir, hay algunas formas de percibir cuándo está presente y cuándo no.
Celebrar las diferencias: Aceptar la autenticidad y las diferencias de amigos, hermanos y parejas fomenta el aprecio. Esto puede reducir las críticas, las expectativas poco realistas y la insatisfacción en las relaciones. Forzar el cambio puede funcionar brevemente, pero a menudo conduce al resentimiento y la infelicidad.
Trabajar duro: La hierba es más verde donde se riega. Ya sea una relación de 25 años o de cinco meses, las relaciones requieren esfuerzo y cooperación. Superar las diferencias individuales para alcanzar un objetivo común es crucial en las relaciones. Los hermanos pueden tener que pasar por alto los desacuerdos, mientras que los amigos deben reunirse con regularidad.
Apóyate en el lenguaje: Cuando ofrezcas un gesto o una muestra de agradecimiento, piensa en cómo lo recibirá tu pareja, no tú. Por ejemplo, si a usted le gusta salir a tomar el postre, pero la otra persona prefiere quedarse en casa, puede que al principio piense en invitarla a tomar el postre. Sin embargo, para que el gesto tenga sentido, preséntalo de forma que se ajuste a sus preferencias y a su forma de recibir el afecto.
Difusión: La terapia de aceptación y compromiso anima a las personas a crear un espacio psicológico y emocional cuando surge un conflicto. Esto les permite procesar el conflicto de forma objetiva y, al mismo tiempo, despersonalizar la interacción, lo que contribuye a la regulación emocional y a la capacidad de responder intencionadamente. La capacidad de desarrollar y facilitar esta habilidad es una herramienta vital para la regulación emocional en todas las relaciones y circunstancias.

Señales de que el amor puede no estar presente
Nuestra necesidad de pertenencia y de establecer vínculos significativos impulsa nuestro deseo de compañía. Cuando estos esfuerzos fracasan o las relaciones se rompen, es doloroso. Sin embargo, hay algunas señales que pueden indicar que el amor ya no está presente en una relación.
Falta de comunicación y evitación de conflictos: La falta de comunicación y la evitación de conflictos pueden dañar las relaciones. Los estudios demuestran que la falta de comunicación provoca malentendidos, retraimiento emocional y problemas sin resolver. Evitar los conflictos puede llevar a interiorizar emociones, comportamientos pasivo-agresivos y tensiones. En las amistades, una comunicación deficiente puede provocar sentimientos de no ser escuchados o de infravaloración. Los estudios indican que las amistades sanas se basan en una comunicación abierta y una resolución respetuosa de los conflictos.
En las relaciones familiares, la comunicación disfuncional suele contribuir a la división y el resentimiento. La investigación sobre terapia familiar ha descubierto que la falta de comunicación abierta puede contribuir a malentendidos generacionales, lo que conduce a dinámicas familiares disfuncionales.
Falta de empatía y apoyo emocional: La empatía es esencial para mantener una relación duradera y satisfactoria. En ausencia de empatía, es más probable que las relaciones se vuelvan emocionalmente desconectadas y particularmente unilaterales, en las que una persona se identifica como la que da y la otra como la que recibe.
En el seno de las familias, especialmente entre padres e hijos, la ausencia de empatía puede provocar una importante tensión emocional. La investigación ha descubierto que si los miembros de la familia no ofrecen apoyo emocional o no reconocen las necesidades de los demás, ello repercute negativamente en la cohesión familiar y el bienestar individual.
Comportamiento controlador o manipulador: Los comportamientos controladores, como restringir la autonomía o manipular a alguien haciéndole creer que es el problema en cada situación, suponen una grave amenaza para el bienestar de una relación. La investigación ha demostrado que los comportamientos controladores reflejan a menudo inseguridad y pueden contribuir a dinámicas abusivas en las relaciones.
En las amistades, la manipulación puede consistir en culpabilizar, aislar a los demás o utilizar la influencia emocional para salirse con la suya. La investigación en este campo sugiere que las amistades sanas implican respeto mutuo y límites, y que cuando hay manipulación, la satisfacción y la confianza se reducen significativamente.
En las familias, los comportamientos controladores de padres, hermanos u otros parientes pueden contribuir a una disminución del crecimiento personal. Se ha comprobado que la creación de una dinámica familiar tóxica, la manipulación y el control a manos de la familia contribuyen significativamente a producir efectos perjudiciales a lo largo del tiempo, sobre todo en la relación entre padres e hijos.
Para mantener relaciones sanas y significativas, hay que fomentar intencionadamente la conexión, la autenticidad y el respeto mutuo. Celebrando las diferencias, esforzándose, comunicándose abiertamente y practicando la regulación emocional, es posible crear relaciones significativas que contribuyan positivamente a nuestro bienestar.
Al mismo tiempo, debemos ser diligentes a la hora de reconocer y abordar señales de alarma como la mala comunicación y los comportamientos manipuladores. Hacerlo nos permite salvaguardar nuestra salud emocional. Empieza hoy mismo: reflexiona sobre tus relaciones, adopta la autenticidad y da los pasos necesarios para construir conexiones más profundas y solidarias que enriquezcan tu vida.
DaLissa Alzner, psicoterapeuta titulada, profesora adjunta del Departamento de Psicología Aplicada, Universidad Adler
Este artículo ha sido republicado de The Conversation bajo una licencia Creative Commons. Lea el artículo original.